Juan es un chico de la calle. Sin padre ni madre por forzosa elección. Huyó de casa a los ocho escapando de las palizas del padre y de los vicios de la madre. O al revés, qué más da. Hace dos años que vive a la buena de Dios y de quienquiera apiadarse de su alma infantil limpiando acaso un poco su mugrienta conciencia por dos pesos. Una noche de invierno, mientras dormía, se le apareció un genio que le prometió cumplir todos sus sueños en un solo acto mágico. Yo creo que eran el frío y el hambre que lo hacían alucinar. Un paty —dijo Juan, que sabía que lo urgente no da paso a lo conveniente. En un pispás tenía una humeante hamburguesa entre sus manos ateridas. ¿Qué es lo conveniente, de cualquier modo? Si hay algo peor que no haber cumplido ningún sueño es haberlos cumplido todos.